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Identidad crossover

  • Un todocamino no sólo ha de serlo, también ha de parecerlo

El 65% de los conductores que deciden hacerse con un todocamino lo hace tras caer rendido ante su línea. Pero ¿qué diferencia a un SUV del resto de turismos?

De moda pasajera, nada. Los todocamino, ese tipo de coches que son un híbrido entre un turismo convencional y un todoterreno, son un verdadero fenómeno de ventas tan continuado que las marcas se han lanzado en tromba a su conquista. Las razones de ese éxito son muchas y muy variadas, pero entre las más comunes están la posición dominante sobre la carretera (dada su mayor altura), la posibilidad de adentrarse en pistas de tierra y un amplio espacio interior equiparable al de los monovolúmenes (precisamente, la principal víctima colateral del ascenso de los SUV).

Pero un todocamino no sólo ha de serlo. También ha de parecerlo. Aunque los hay más grandes, más pequeños, más premium, más deportivos, etcétera, todos sin excepción comparten una misma raíz que toma forma en una serie de características de diseño.

SEAT ha armado en poco tiempo toda una gama que empieza con el Arona, sigue con el Ateca y termina con el más nuevo de sus modelos: el Tarraco. En la creación desde cero de este tridente de crossovers, la marca española ha tenido que saber captar esas características de diseño que diferencian a un SUV de un turismo normal. E incluso a un crossover de una simple versión ‘campera’ de un turismo normal. 

“Las líneas de un SUV son más agresivas, fuertes e imponentes”, explica Xavier Villanueva, diseñador de Exteriores de SEAT. Su equipo se ha tenido que plegar a ese mantra al crear el Tarraco, ya que es el más grande de sus tres crossover. Esa identidad heredada de los todoterreno se aprecia con claridad en el frontal, un sector que, según Villanueva, “ha de tener una rejilla más vertical”, lo que repercute en un capó que es “más alargado y con unas líneas más altas, robustas y alzadas”. Los protectores de frontal y zaga, los pasos de rueda amplios y el revestimiento que envuelve todo el contorno inferior de la carrocería también distinguen a un verdadero todocamino.

No es una cuestión baladí porque, según estudios de la propia marca española, el 65% de los clientes que se decide por un SUV lo hace por su diseño. Lo más difícil es mantenerse fiel a ese libro de estilo (no escrito) de los crossover, al mismo tiempo que los diseñadores han de ser capaces de imprimir en un nuevo modelo el ADN de la marca. En el caso del Tarraco, aunque con unos aires de ‘familia VAG’ demasiado obvios, se aprecia la línea ‘arrow design’ que ha inspirado a toda la gama actual SEAT.

El interior, las fronteras entre los SUV y el resto de turismos se diluye. Si acaso, la proyección más vertical de la carrocería da pie a salpicaderos y consolas más amplias que, la mayoría de las veces, tratan de subrayar la mayor anchura del habitáculo. El Tarraco, en cambio, tira de unas líneas más livianas mediante un pequeño truco cada vez más extendido: separar la pantalla del equipo de infoentretanimiento del tablero y situarla en una posición flotante.

Para Daniel Hervás, responsable de diseño de Interiores de la marca de Martorell, a pesar de las dimensiones del Tarraco, “el tablero central no puede perder la ligereza en sus líneas”. Además, para darle un toque de sofisticación, estrena en SEAT unos acabados en cromado mate y tejidos con un tacto ‘premium’.

La importancia del color

Los más observadores habrán detectado que los últimos lanzamientos de SEAT suelen ir aparejados a una atrevida apuesta cromática. Esto se debe a que cuenta con su propio departamento, el Color&Trim, que es capaz de aportar un plus de personalidad a cada modelo.

“El tamaño, la forma y el target determinan por completo la gama cromática de cada modelo. Cada segmento tiene su color”, asevera Jordi Font, diseñador de este departamento. Puesto que los SUV transmiten “seguridad y protección”, piden “tonos sobrios o metalizados” y, dependiendo del tamaño, “elementos como el techo bicolor o determinados acabados”, añade.

Realidad virtual

Aunque el proceso de diseño del Tarraco terminó, como en la mayoría de modelos, en la elaboración de un modelo con clay (arcilla) por parte de cuatro modelistas a lo largo de más de 320 horas, la realidad virtual ha jugado un papel decisivo. “Antes, con los renders, los diseñadores podían ver su trabajo con un 60% de realismo. Gracias a la virtualidad, esa cifra se eleva al 90% y eso permite ahorrar mucho tiempo en el proceso de diseño. En muy poco tiempo, el equipo de interiores puede ver en 3D lo que ha dibujado minutos antes”, explica Manel Garcés, responsabile de Visualización de SEAT.

Autor
Róber Martí
Periodista. Ha sido redactor del periódico Superdeporte así como en otros medios de especializados como Motor 2000 o Canarias Racing. Ha colaborado en Radio Marca, COPE y actualmente codirige el programa Motor en la Onda de Onda Cero Canarias.
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