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Blog de Alberto Monzón

La forma más pura y auténtica de competir

Alberto Monzón 09/01/2017
  • En mi primer año en la Yaris ingresé en la Universidad de los Rallies
  • Las copas monomarca son la auténtica escuela del automovilismo

“El mundialito canario”, así lo llegaron a denominar. Los más veteranos del lugar saben de lo que estoy hablando. Grandes patrocinadores que veían como apuesta segura invertir en nuestro automovilismo, dotando de grandes presupuestos a nuestros equipos y pilotos más destacados. El particular ‘Siglo de Oro’ del automovilismo canario.

En esas andaba yo allá por el 2001 sopesando si retirarme o cortarme las venas tras mi debut en competición con aquel Renault 5 GT Turbo que se me rompió en cuatro de cinco carreras cuando me llamó Manolo Acosta, quien, con su pragmatismo habitual, me espetó algo así como: “A ver tú, simplón ¿Quieres seguir tirando el dinero con ese coche viejo o correr con uno nuevo y ganar dinero?”. “Hombre Manolo, visto así...”, le respondí yo. “Pues no te lo pienses mucho, porque los tengo casi todos vendidos”.  Y así fue como, después de varios días sin pegar ojo, conseguí un crédito para comprar mi primer Toyota Yaris; el inolvidable 0441BHV.

Vaya año de aprendizaje aquél en la primera ‘Copa Toyota Yaris Canarias’. Una temporada donde, a marchas forzadas, descubrí los entresijos y la esencia de la verdadera competición. Donde aprendí que el más o menos no valía y que cada detalle contaba. Como hacer unas buenas notas y unos buenos reglajes en el coche; pasar de los comentarios negativos; curtirme; así como odiar a mis rivales cuando me ponía el casco y admirarlos y respetarlos cuando me lo quitaba.

Un año en el que fuimos capaces de hacer una temporada completa con cinco llantas y que nuestro particular ‘camión de asistencia’ fuese el pequeño Ford Ka de alquiler con el que entrenábamos, y apurar hasta el límite los neumáticos dándoles la vuelta y correr algunos tramos más con ellos... En definitiva, ingresé en la ‘Universidad de los Rallies’ y fui el primero de la clase en la Yaris. A eso le siguió un subcampeonato al año siguiente, un nuevo campeonato en el Desafío Peugeot 206 en 2003, otro subcampeonato en la Yaris 2004 y una mala experiencia en Ford Fiesta Sporting Trophy de 2007.

Con este pequeño resumen de mi paso por las copas monomarca sólo quiero decir una cosa: para mí son la auténtica escuela del automovilismo. Y creo que todo piloto, antes o después, debería correr en alguna para saborear la forma más pura y auténtica de competir.

Es por todo esto que quiero agradecer en estas líneas a Orvecame por su apuesta por esta nueva Copa Adam DisaMax. Y lo hago en nombre del automovilismo canario, pero también del mío propio, porque para mí supone una nueva oportunidad de volver a enrolarme en una monomarca. Si consigo el presupuesto necesario para estar ahí, volveré a sentirme realizado como piloto y, lo más importante, podré seguir aprendiendo.

Consiga correr o no, ojalá que muchos y buenos pilotos respondan a esta gran iniciativa de la marca Opel, ya que todos los que amamos este mundo de la competición salimos ganando con este tipo de propuestas. Por eso y no por casualidad, empezaba este blog con lo de “el mundialito canario”, porque con la implicación de las marcas y de los patrocinadores, los rallies en estas afortunadas islas volverán a estar donde merecen. 

No será fácil. Habrá polémicas por lo de siempre; satisfacciones y frustraciones; aceptar que otro tío corrió más que tú en tal sitio y mantener la cabeza fría cuando seas tú el más rápido de todos; luchar contra pilotos en su terreno o hacerlo en tu feudo; pedir ayuda en una asistencia a un equipo rival o darla tú; estudiar cada curva antes de cada carrera como si te fuera la vida en ello (porque literalmente es así) y no sentirse satisfecho hasta que no tengas la sensación de que ningún otro va a pasar más rápido que tú por ese sitio con un coche igual; no entregarse a la comodidad de las excusas cuando otros te pasan por arriba y siempre mirarse al espejo y ver qué se puede mejorar; que a tus notas y a tu copiloto les dé igual que sea Gran Canaria, Tenerife, La Palma o Lanzarote el escenario donde, tras batirse el cobre, haya sólo un vencedor... 

¿Acaso hay reto mayor? Quizás sí. ¡Conseguir el presupuesto para poderlo vivir! Por ello, les dejo para seguir buscando esos patrocinadores a los que quiero llevar a lo más alto en este nuevo desafío.

 

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