La durabilidad de las baterías sigue siendo uno de las principales causas de duda en la adopción del coche eléctrico. Sin embargo, los datos empiezan a demostrar que ese temor está lejos de ajustarse a la realidad.
Un análisis basado en 24.000 certificados de estado de salud (SoH) de baterías en vehículos eléctricos e híbridos enchufables usados, procedentes de 30 marcas y comercializados en 11 países europeos entre 2023 y 2025, dibuja un escenario mucho más optimista del que percibe el mercado. La muestra, una de las más amplias realizadas hasta la fecha en Europa, refleja que la degradación es limitada, progresiva y, sobre todo, predecible.
Las cifras son especialmente reveladoras. Tras 70.000 kilómetros, las baterías conservan de media un 93% de su capacidad original. Incluso a los 160.000 kilómetros o después de seis años de uso, el estado de salud se mantiene por encima del 90%, lo que refuerza la idea de que este componente está diseñado para acompañar al vehículo durante toda su vida útil. Arval, empresa que ha realizado el estudio, sitúa además la degradación media en torno al 1% cada 25.000 kilómetros, tras una ligera caída inicial.
El estudio también apunta a una evolución positiva en las nuevas generaciones de vehículos electrificados (eléctricos puros e híbridos enchufables), que registran entre dos y tres puntos porcentuales más de capacidad restante frente a modelos anteriores. En conjunto, los datos confirman que el desgaste de las baterías responde a una curva suave y controlada.
En paralelo, el marco regulatorio europeo avanza para aportar mayor transparencia. A partir de 2027, los vehículos deberán mostrar de forma estandarizada el estado de salud de la batería, bajo el concepto SOCE (State of Certified Energy), directamente en el salpicadero. Además, cada batería contará con un pasaporte digital que recogerá su historial y su capacidad certificada, una herramienta clave para mejorar la confianza en el mercado, especialmente en el de los vehículos de ocasión.
Este punto resulta especialmente relevante en un contexto donde precisamente estos dominan el mercado. Actualmente, cerca del 75% de las transacciones de automóviles en la Unión Europea corresponden a coches de segunda mano, lo que convierte a este canal en un elemento estratégico para la electrificación del parque móvil.
En este sentido, el desarrollo de un mercado de eléctricos de ocasión transparente se perfila como una de las principales palancas para acelerar la descarbonización. La mejora en la monitorización del estado de las baterías, junto a una depreciación más predecible, podría contribuir a eliminar incertidumbres y facilitar la adopción tanto entre particulares como en flotas corporativas, donde la demanda de vehículos usados sigue creciendo.



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