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Luce, el eléctrico según Maranello

No ha tenido un debut fácil. Las reacciones de una parte del universo ferrarista no han acompañado precisamente al estreno del Ferrari Luce. El primer eléctrico desarrollado por la marca italiana aterriza envuelto en una mezcla de expectación, fascinación y rechazo. Es cierto que sus responsables han insistido en definir el Luce como una nueva manera de interpretar su filosofía, aunque hacerlo sin traicionar un ADN tan profundamente grabado a fuego no es precisamente un ejercicio sencillo.

Para su presentación, Ferrari escogió un lugar cargado de simbolismo, la Vela de Calatrava, en Roma. Fue precisamente en la capital italiana donde, en 1947, el Ferrari 125 S logró la primera victoria oficial de la historia de la marca. Casi ochenta años después, Ferrari regresa a sus orígenes abriendo un capítulo completamente distinto. En cualquier caso, avisan, la electrificación no sustituirá a los motores térmicos ni híbridos ya existentes, sino que convivirá con ellos como una alternativa más.

Dejando atrás cualquier opinión o condicionante, a la vista está -y también por lo que no se ve- que el Luce no es superdeportivo eléctrico convencional. Cuenta con una arquitectura donde el chasis, la batería y la carrocería están perfectamente integradas, y en la que se combinan cuatro puertas y cinco plazas, algo nunca visto en un Ferrari de producción. La desaparición de la tradicional configuración transaxle con motor delantero-central y caja de cambios trasera ha permitido replantear completamente el desarrollo.

Y precisamente ahí radica uno de los aspectos más disruptivos del proyecto. Ferrari encargó el diseño a LoveFrom, el colectivo liderado por Jony Ive y Marc Newson, alejándose deliberadamente del Ferrari Design Studio dirigido por Flavio Manzoni. El objetivo era introducir un lenguaje diferente, menos condicionado por la tradición y más abierto a nuevas propuestas y soluciones.

El resultado es un coche con una enorme superficie acristalada lo que define buena parte de su estilo. La “glass house”, como la denomina la marca, se convierte en el elemento central del diseño y permite crear una carrocería con el coeficiente aerodinámico más bajo jamás conseguido por un Ferrari gracias también a soluciones como las rejillas de refrigeración inteligentes y una suspensión capaz de rebajar automáticamente la altura del frontal a alta velocidad.

Los grupos ópticos quedan prácticamente ocultos cuando están apagados y la zaga rescata elementos como los pilotos redondos que son una referencia en modelos icónicos de su catálogo. También llama la atención las enormes llantas de 23 pulgadas delante y 24 detrás, las más grandes jamás utilizadas en un Ferrari de carretera. Este recurso ayuda a definir su silueta cuya concepción se asemeja a la de un gran turismo.

En el interior también se percibe claramente esa intención de reinterpretar la experiencia Ferrari. El habitáculo combina materiales como el aluminio anodizado, el cristal Gorilla Glass o el cuero con una oferta tecnológica absolutamente vanguardista, dando forma a un ambiente de gran sofisticación y sorprendentemente distinto a cualquier otro Ferrari conocido.

La sinfonía que tradicionalmente ha acompañado a cualquier Ferrari era, sin duda, otro de los puntos más delicados del proyecto. Buena parte de la emocionalidad de un vehículo que luce un “Cavallino Rampante” está ligada al sonido de sus motores. El Luce incorpora un complejo sistema desarrollado internamente que utiliza acelerómetros para captar las vibraciones reales generadas por elementos en rotación como los engranajes o los motores eléctricos, transformándolos en experiencia acústica. La intención es no imitar al motor térmico, sino construir un sonido propio que acompañe la conducción y que además pueda percibirse también desde el exterior.

Potencia con control

El Luce no solo llama la atención por su diseño y configuración, también lo hace por su gran complejidad técnica. La plataforma ha sido diseñada específicamente para este modelo y emplea cuatro motores eléctricos, uno por rueda, alimentados por una batería de 122 kWh, todo desarrollado íntegramente en Maranello.

Las cifras hablan por sí solas, rinde 1.050 CV de potencia, acelera de 0 a 100 km/h en apenas 2,5 segundos, de 0 a 200 km/h en 6,8 segundos y alcanza una velocidad máxima superior a 310 km/h. Todo ello acompañado de una autonomía superior a los 530 kilómetros.

Otro de los grandes desafíos para Ferrari era conseguir que el Luce siguiera transmitiendo sensaciones propias de la marca pese a ser un vehículo eléctrico. Cada rueda puede controlar de forma independiente la tracción, la dirección y el movimiento vertical de la suspensión gracias a un sofisticado sistema electrónico que coordina continuamente el reparto de par, el “torque vectoring” y las suspensiones activas, muchos de estas soluciones derivadas de otra bestia salida de entre los muros de Maranello, el F80.

Y es que, cómo se lleva a cabo la gestión de la eficiencia, de la potencia, el sonido, así como el control de otros muchos parámetros, es un auténtico galimatías, todas soluciones provenientes de los procesos desarrollados durante décadas en el ámbito de la competición.

Ahora, tras su presentación en estático, el verdadero desafío del Luce será convencer a quienes consideran que un Ferrari eléctrico representa una contradicción imposible de resolver. La firma italiana parece asumir que esa resistencia forma parte inevitable del proceso. Quizá por eso el recién llegado “patito feo” de la familia no intenta parecerse demasiado a ningún modelo anterior. Prefiere abrir un camino nuevo, incluso a riesgo de incomodar a parte de sus correligionarios.

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