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Prueba: BYD Dolphin G DM-i

¿Hay espacio para un utilitario híbrido enchufable en el mercado? Hasta el momento la respuesta de la industria descartaba esta posibilidad. El aumento de peso derivado de las baterías, la alta eficiencia de los motores en este tipo de coches, y sobre todo el sobrecoste de producción parecían argumentos suficientes para rechazar la idea. Sin embargo, BYD ha decidido desafiar la lógica con el Dolphin G DM-i, el primer híbrido enchufable del segmento B que llega a nuestro mercado. Su precio en Canarias, desde 15.050 euros.

Una propuesta tan poco convencional merecía una prueba diferente. Por eso nos planteamos comprobar si esta muestra de osadía derivaba en un beneficio real para el usuario. El reto, completar una jornada completa utilizando exclusivamente la energía de la batería, sin que el motor de combustión tuviera que intervenir en ningún momento. Con ese objetivo salimos del concesionario con la batería de 18,3 kWh completamente cargada, el depósito de combustible lleno y el selector del sistema dual en EV, de forma que el conjunto permaneciera funcionando exclusivamente con electricidad hasta que el nivel de carga dijera “basta”.

El cuadro de instrumentos marcaba 432 kilómetros en el contador de kilómetros totales, pero lo más interesante, 105 kilómetros de autonomía eléctrica disponible y 1.038 kilómetros de autonomía total. El recorrido tampoco buscaba favorecer el resultado. La idea era realizar un uso completamente normal, recorriendo diferentes zonas de la capital de Las Palmas de Gran Canaria, en combinación con un desplazamiento de ida y vuelta hasta el municipio de Arucas, y otro hasta Tafira Baja, regresando posteriormente al concesionario de Miller Bajo.

Los primeros kilómetros, con el selector de modos de conducción situado en posición Eco, ya sirvieron para comprobar que nuestro protagonista era capaz de comportarse como un coche eléctrico convencional.

No desentona

Estéticamente, BYD ha apostado en esta ocasión por un diseño sencillo que transmite una imagen bien resuelta y agradable. Sus 4,16 metros de longitud lo convierten en el perfecto aliado en ciudad, mientras que sus proporciones permiten aprovechar al máximo el espacio disponible a bordo. La única licencia estética que se permite es el color Orange Sunset de nuestra unidad de prueba, un tono que aporta frescura al conjunto acompañando la tónica general de un diseño pensado para gustar a un público muy amplio.

Después de varias idas y venidas, el contador alcanzó los 67 kilómetros recorridos, el panel de instrumentos seguía mostrando cifras muy prometedoras. La autonomía eléctrica disponible era todavía de 53 kilómetros, mientras que la autonomía total apenas había descendido hasta los 960 kilómetros. Lo más significativo era que el indicador del nivel del depósito de combustible continuaba exactamente igual que al inicio, no había consumido una sola gota de gasolina.

Antes, la prueba ya había dejado de consistir únicamente en un tema de cifras para apreciar el esfuerzo realizado por BYD por mantener un precio competitivo. Frente al ambiente más pulido de modelos como el Atto 2 o el Atto 3, el Dolphin G apuesta por soluciones más sencillas, aunque eso no impide que la presentación resulte igual de bien resuelta.

Donde realmente convence es en el aprovechamiento del espacio. La consola central libera un práctico hueco inferior y reúne la bandeja de carga inalámbrica junto a los mandos principales, eso sí, yo revisaría la ubicación de las conexiones USB y de la toma de 12 voltios. Frente al conductor, la instrumentación digital y la pantalla multimedia de 12,8 pulgadas en el acabado Comfort de nuestra unidad de pruebas se encargan de ofrecer toda la información necesaria con buena calidad gráfica.

Detrás también deja una grata impresión. El espacio para las piernas es superior al que cabría esperar en un utilitario y, además, el maletero alcanza unos reseñables 425 litros. Buena parte del mérito reside en la ubicación de la batería bajo los asientos, una solución que permite mantener intacta la capacidad en la zona de carga.

Lo interesante es que todo ese buen aprovechamiento del espacio no pasa factura a su comportamiento. Tanto la dirección como la suspensión brindan un equilibrio muy acertado, hasta el punto de que el peso adicional que supone la batería apenas se percibe al volante. Por su parte, el motor eléctrico responde con inmediatez y suficiente contundencia cada vez que se le exige, aportando esa sorprendente sensación de agilidad que caracteriza a los vehículos eléctricos.

Reto conseguido

Cuando regresamos al concesionario, el contador marcaba 522 kilómetros. Habíamos recorrido 90 kilómetros desde el inicio de la prueba utilizando exclusivamente la energía de la batería. Pero el dato más revelador era que aún quedaban 27 kilómetros de autonomía eléctrica disponibles. Una cifra que nos permite afirmar que, de haber prolongado el recorrido en las mismas condiciones, el Dolphin G habría superado con holgura los 105 kilómetros que homologa el fabricante. La interfaz que informa sobre los datos de consumo registraba un consumo medio de 10,9 kWh/100 km, por debajo de la cifra oficial anunciada por BYD.

La conclusión resulta incuestionable. El BYD Dolphin G DM-i permite afrontar el día a día como si se tratara de un vehículo cien por cien eléctrico, reservando el motor de combustión para cuando realmente es necesario, transmitiendo la tranquilidad de disponer de una autonomía total superior a los mil kilómetros.

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