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Alpine A390 GTS, cuestión de sensaciones

En cada ocasión que hablamos de un vehículo con las características del Alpine A390 GTS, surge la misma cuestión ¿Puede la conducción eléctrica despertar emoción? Recurrentemente, también en ese mismo instante, cuestiones como la autonomía, la capacidad de la batería o los tiempos de recarga pasan a un segundo plano para centrar el análisis en aquellas cualidades que hacen que la experiencia al volante se convierta en algo realmente estimulante.

El planteamiento parte de una idea estrechamente vinculada a la historia de la firma francesa. Su fundador, Jean Rédelé, sostenía que “los coches, ante todo, deben ser divertidos”, una máxima que Alpine recupera ahora para dar forma a un vehículo que cambia el sonido del motor de combustión por una arquitectura eléctrica de altas prestaciones.

La marca recurre para ello a tres motores eléctricos y a un sistema de tracción integral. Uno de los propulsores actúa sobre el eje delantero, mientras que los otros dos se encargan de las ruedas traseras de forma independiente. Esta configuración permite intervenir de manera precisa sobre la cantidad de par que recibe cada rueda y constituye la base del sistema Alpine Active Torque Vectoring.

Como verán, la cuestión está en no centrarse únicamente en la cifra de potencia, sino más bien en como esta se transmite al asfalto. El A390 GTS desarrolla 470 CV y 824 Nm de par, unas cifras acompañadas por una gestión electrónica destinada a adaptar la respuesta en función de las condiciones de conducción. El papel de los dos motores posteriores resulta especialmente relevante. Al poder regular de manera independiente el empuje sobre cada rueda, el sistema Active Torque Vectoring modifica continuamente el reparto de par con el propósito de favorecer la agilidad y la precisión.

La electrónica, por tanto, no se limita a administrar la potencia disponible. Forma parte de la puesta a punto del vehículo y de la manera en la que Alpine busca reproducir, dentro de una arquitectura eléctrica y con tracción a las cuatro ruedas, algunos de los rasgos tradicionalmente asociados a los deportivos.

El botón rojo

Ese vínculo con la conducción deportiva también tiene una expresión más visible en el volante. Allí aparece el botón rojo OV, abreviatura de Overtake, que permite disponer durante diez segundos de toda la potencia del sistema.

La solución toma prestado un recurso habitual en competición y lo adapta al uso en carretera. Su función está pensada para situaciones concretas, como un adelantamiento o una incorporación, ofreciendo temporalmente la máxima respuesta del conjunto propulsor.

El cambio de tecnología también altera otro elemento tradicionalmente ligado a un deportivo, el sonido. Aquí, frente a otras fórmulas en el que se recurre a los sonidos originados artificialmente, la marca ha optado por poner en primer plano el silencio y centrarse en las impresiones procedentes del contacto entre el vehículo y el asfalto.

Deportivo, sí, pero…

El A390 GTS tampoco responde al esquema tradicional de un deportivo concebido únicamente para ir todo el rato despeinado. Su carrocería sport fastback acoge un habitáculo para cinco ocupantes y un maletero con gran capacidad, mientras que su autonomía supera los 500 kilómetros.

Un carácter polivalente que se pone de manifiesto también a través de los asientos deportivos Sabelt que incorporan función de masaje y un sistema de sonido Devialet XtremeSound desarrollado expresamente para el modelo. El resultado es el Alpine más potente desarrollado hasta la fecha y, al mismo tiempo, uno de los modelos más versátiles de su historia.

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