No tiene sentido resistirse. Uno tras otro, incluso los modelos más icónicos de la industria están siendo seducidos por el atractivo de la electrificación. El último en sumarse a esta tendencia es el Range Rover, una referencia del lujo y la capacidad todoterreno que, por primera vez en sus más de cinco décadas de trayectoria, abre un nuevo capítulo en su historia con el lanzamiento de la primera versión completamente eléctrica.
La marca ha querido dejar claro que dicha transformación se ha llevado a cabo sin alterar la esencia del modelo. Su diseño continúa siendo reconocible, al igual que su planteamiento de gran vehículo de lujo, pero la introducción del sistema de propulsión eléctrico cambia por completo la experiencia. Ahora el funcionamiento es más silencioso y la entrega de potencia se realiza de forma más inmediata lo que renueva su carácter tradicional.
La propulsión se produce gracias a dos motores eléctricos de imanes permanentes, uno por eje, que desarrollan conjuntamente 550 CV y 850 Nm de par. Según Range Rover, estas unidades
generan un 20% más de par que otros motores eléctricos de dimensiones similares, eso sí, se ha intentado buscar el equilibrio más adecuado entre prestaciones, eficiencia y capacidad todo terreno.
Las cifras sitúan al modelo al nivel de las versiones más potentes de la gama. Acelera de 0 a 100 km/h en 4,5 segundos y completa la recuperación de 80 a 120 km/h en 2,7 segundos. Más allá de estos datos, como decíamos, la configuración eléctrica busca ofrecer una respuesta lo más precisa posible, tanto en carretera como cuando se abandona el asfalto.
Autonomía
El sistema se alimenta mediante una batería de ion-litio de 118,5 kWh de capacidad utilizable. Con ella, el modelo homologa hasta 600 kilómetros de autonomía, lo que en datos reales podría aproximarse a los 535 kilómetros.
Su arquitectura eléctrica de 800 voltios admite cargas rápidas en corriente continua de hasta 350 kW. En condiciones óptimas, la batería puede pasar del 10 al 80% en unos 22 minutos. También es posible que en apenas diez minutos se recupere energía suficiente para recorrer alrededor de 220 kilómetros.
Son datos importantes en un automóvil que
originalmente no tenía en cuenta estos condicionantes y en el que se ha procurado que la electrificación no represente tampoco un gran trastorno para el usuario. Range Rover señala, además, que la autonomía disponible permitirá a la mayoría de sus clientes completar sus recorridos cotidianos sin tener que recargar a diario.
Capacidad todoterreno
Sin duda, su legendaria capacidad para enfrentarse a los terrenos más tortuosos ha sido clave en esta transformación. Por ello, Range Rover ha procurado que la adopción de la propulsión eléctrica no suponga renunciar a ninguna de las cualidades que distinguían a sus versiones anteriores. Para conseguirlo, se han desarrollado nuevos sistemas de control capaces de aprovechar la rapidez de respuesta de los motores eléctricos.
La tecnología Intelligent Driveline Dynamics puede variar continuamente el reparto de par en el eje trasero para reducir las pérdidas de tracción. A ella se suma el sistema Integrated Traction Management, que supervisa la velocidad de los motores cada 50 milisegundos y gestiona el deslizamiento de las ruedas hasta cien veces más rápido que un sistema equivalente asociado a una mecánica de combustión.
Estas funciones trabajan conjuntamente con modos como la conducción con un solo pedal. Además de la facilidad de uso y su capacidad para aprovechar la frenada regenerativa, este sistema permite iniciar la marcha con suavidad en pendientes de hasta 33 grados y afrontar ascensos continuados con inclinaciones de hasta 45 grados. La entrega instantánea del par, la
ausencia de cambios de marcha y la posibilidad de regular con precisión la potencia enviada a cada eje, por tanto, solo aporta ventajas.
Conectividad
El Range Rover Electric incorpora una nueva aplicación móvil desde la que el propietario puede consultar la ubicación del vehículo, comprobar el cierre de las puertas y conocer en tiempo real el nivel de batería y la autonomía disponible. También permite activar previamente la climatización, incluido el volante calefactable. La recarga también puede programarse. Para las operaciones en casa, la firma ofrecerá además un cargador específico opcional.
Otro aspecto que muy pronto se irá imponiendo como norma en todos los modelos eléctricos es que se podrá hacer un seguimiento del estado de la batería mediante un sistema diagnóstico denominado Battery Digital Twin. Esta información, combinada con las actualizaciones remotas de software, permitirá detectar posibles incidencias y anticipar las intervenciones de mantenimiento que fueran necesarias. La batería cuenta con una garantía de ocho años o 160.000 kilómetros.
